Sra. Vicki P. Keith (Virginia, EE. UU.)
El Rey les contestará: «Les aseguro que todo lo que hicieron por uno de estos hermanos míos más humildes, por mí mismo lo hicieron». - Mateo 25:40 (DHH)
Cuando empecé la escuela secundaria yo era muy tímida y no tenía amigos en la escuela. A la hora del almuerzo, cuando entraba a la cafetería y buscaba un lugar para sentarme, parecía que todos ya estaban sentados con sus amigos, hablando, riendo y disfrutando de su comida.
Me sentí agradecida cuando dos estudiantes me extendieron la bienvenida para sentarme con ellas para no quedarme sola. Myra y Terri, ambas cristianas, fueron bondadosas y me ayudaron a transcurrir el día escolar con facilidad. Me sentí parte del grupo y querida, y nunca olvidaré la forma en que me mostraron el amor de Dios.
Las personas de hoy, especialmente los jóvenes, se enfrentan a situaciones similares. Cuando vemos a alguien sentado solo, podemos acercarnos y ser un amigo, darle la bienvenida y compartir el amor de Dios y ser inclusivos. Todo lo que hacemos tiene consecuencias y nuestras acciones compasivas pueden cambiar vidas para bien.
Valoraré y amaré a otras personas así como Dios me valora y me ama a mí.
Por quienes se sienten excluidos y solos
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