Nuestra estatura y nuestro vigor son efímeros, pero Dios perdura para siempre.
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Aunque el camino que tenemos por delante pueda parecer incierto, no dejemos de apreciar las bendiciones de Dios que nos rodean en este momento.
«Toda tú eres bella, amada mía; no hay en ti defecto alguno». Cantar de los Cantares 4:7 NVI
Creados del polvo, al polvo volveremos, siempre envueltos en el amor de nuestro Creador.
«Tú, Señor, eres bueno y perdonador; tu gran amor se derrama sobre todos los que te invocan». Salmo 86:5 (NVI)
«Sentarse a la sombra en un día soleado y contemplar el verdor es el mayor de los placeres».
«A las montañas levanto mis ojos; ¿de dónde ha de venir mi ayuda? Mi ayuda proviene del SEÑOR, que hizo el cielo y la tierra». Salmo 121:1-2 (NVI)