Sra. Megan P. (Ontario, Canadá)
Vivan según el Espíritu, y no satisfagan los deseos de la carne ... el deseo de la carne se opone al Espíritu, y el del Espíritu se opone a la carne; ... para que ustedes no hagan lo que quisieran hacer. - Gálatas 5:16-17 (RVC)
Este año tengo una parcela de jardín comunitario donde puedo cultivar vegetales. Meses después de plantar plántulas y semillas, aún estoy disfrutando el jardín. Pero había olvidado de lo persistente y terca que son las malas hierbas.
¡Semana tras semana, parece que estoy arrancando las mismas malas hierbas de los mismos lugares! Me sorprende lo rápido que crecen y lo rápido que se propagan si me pierdo una semana de la limpieza del jardín. Aunque las verduras que he plantado son cada vez más fuertes y saludables, me llama la atención la determinación de las malas hierbas para crecer a pesar de ser arrancadas una y otra vez.
¿Con qué frecuencia nuestras vidas son paralelas a este escenario? El Espíritu de Dios desarrolla en nosotros los frutos del amor, el gozo, la paz, la paciencia, la bondad, la mansedumbre, y la templanza (Ver Gálatas 5:22-23). Pero también crecen malas hierbas: envidia, respuestas crueles, ira, falta de perdón, autoderrota. Estas cosas son difíciles de eliminar, pero debemos tratarlas desde la raíz. Lo bueno es que no estamos solos al enfrentar las malas hierbas. Tenemos un Jardinero fiel que trabaja con nosotros para arrancar las malas hierbas y nutrir el fruto en nosotros.
No es mi voluntad, sino la obra de Dios en mí que me transforma.
por transformar mi vida
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