Sra. Mary Ellen Hazen (Ohio, EE. UU.)
El Espíritu y la novia dicen: «¡Ven!»; y el que escuche diga: «¡Ven!». El que tenga sed, venga; y el que quiera, tome gratuitamente del agua de la vida. - Apocalipsis 22:17 (NVI)
Cuando conducía por el sector más antiguo de nuestra ciudad, pasé frente al edificio majestuoso e histórico de una iglesia. En el frente, un cartel anunciaba su cierre y la gratitud por los más de 110 años de servicio a la comunidad. Sentí una inmensa pena al imaginar todas las bodas, bautismos y otras celebraciones que ya no se realizarían allí. También pensé en las ocasiones más sombrías: funerales, refugio para familias quebrantadas que buscaban un lugar. Imaginé a la gente de esa iglesia reunida y orando, unos por otros, compartiendo sus penas y alegrías.
Hoy, la adoración toma formas diversas. Para algunos es un evento en línea. Otros sienten que Dios no requiere de cuatro paredes o una comunidad para adorarle. En esto puede haber cierta verdad: podemos adorar en todo momento y en todo lugar.
Pero para mí, la iglesia es el lugar donde siento a Dios junto a otros creyentes, y ser parte de la congregación es una experiencia dinámica. Hay algo especial en la reunión de personas de diferentes edades y contextos como familia de la iglesia que adora a Dios. Juntos podemos llegar a nuestra comunidad y a todo el mundo para promover la palabra del Señor, sostenernos y ayudarnos unos a otros. ¡Qué sentimiento precioso es reunirse con otras personas en amor compartido por Dios!
Al adorar a Dios con otras personas, hallo una comunidad santa.
por quienes buscan unirse a una iglesia
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