Sr. Larry Scanlan (Maryland, EE. UU.)
La luz de los ojos alegra el corazón, y las buenas noticias fortalecen los huesos. - Proverbios 15:30 (RVC)
Me dirigía a la línea de cajas, feliz porque había solo una persona delante de mí. Al llegar mi turno, la cajera dijo: «Gracias por sonreírme al unirse a la fila. No veo a nadie sonreír aquí. ¡Gracias!».
No estaba consciente de mi expresión y no había dicho ni una palabra. Pero a medida que las personas llegan a la línea de cajas cada día, ella presta atención a sus expresiones y apariencias. Su comentario dejó una impresión en mi mente y mi corazón que espero no olvidar.
Mantuvimos una breve conversación. Supe que su nieta tiene una dificultad de aprendizaje y problemas en la escuela. Le prometí orar por la niña. Ahora, cuando voy al supermercado, busco pasar por la línea de esta cajera para saber cómo están y hacerle saber que sigo orando por ellas.
Aquel encuentro inicial me hizo comprender que al encontrarnos con personas durante el día vamos causando una impresión, aun cuando no decimos ni una palabra. Una sonrisa puede ser un mensaje de Dios que enviemos a otras personas. De hecho, es posible que el único evangelio que algunas personas encuentren alguna vez seamos usted y yo.
Aunque las palabras importan, hasta mi silencio deja una impresión.
por los cajeros y las cajeras
Responda pida su oración.