Sra. Olivia Shirley (Texas, EE. UU.)
Tus ojos vieron mi cuerpo en gestación: todo estaba ya escrito en tu libro; todos mis días se estaban diseñando, aunque no existía uno solo de ellos. - Salmo 139:16 (NVI)
A dos días de nacida, mi hija sufrió una hemorragia cerebral que amenazaba su vida. Orábamos con desesperación mientras la trasladaban en helicóptero a un hospital más grande para realizar una cirugía muy riesgosa. Rogué a Dios que me permitiera conservar a mi hijita.
La pequeña vivió y una semana después recibió el alta. Sin embargo, dejó de alimentarse. Fue necesario hacerlo mediante una sonda nasogástrica durante dos años. Los médicos nunca hallaron la razón por la que dejó de alimentarse, lo que me hacía más difícil aceptar esa situación.
Supliqué a mis amigos que orasen por que mi hija volviese a comer por sí misma. Una amiga me recordó que todos somos «una creación admirable» (Salmo 139:14). Recordé que con o sin sonda para alimentarla, la vida de mi hija es valiosa, importante y perfecta.
De hecho, la sonda nasogástrica ha sido una gran bendición. Mi hija recibió una nutrición impecable que le ha permitido crecer fuerte y sana. Y he utilizado nuestra historia para conectarme con otras madres cuyos hijos atraviesan problemas similares, ofreciendo consejos, consuelo y amistad. He podido gozarme en la debilidad gracias al poder de Cristo (Ver 2ª a los Corintios 12:9).
Nada me impedirá cumplir con el propósito de Dios para mí.
por quienes necesitan una sonda nasogástrica
Responda pida su oración.