Sr. Doug Wingert (Arizona, EE. UU.)
Sobre todo, ámense los unos a los otros profundamente, porque el amor cubre muchísimos pecados. - 1ª de Pedro 4:8 (NVI)
Recientemente visité a mi hermano mayor, quien vive lejos de mi casa. Fui recibido por toda su familia con comida y diversión. Sentado a la mesa del comedor, observé un rompecabezas que mi hermano había armado y pegado, enmarcado y colgado en la pared. Al mirarlo de cerca, pude ver que cada pieza era única, cada una era necesaria para completar la imagen.
Pienso que la congregación de mi iglesia es muy similar a ese rompecabezas. Está compuesta por gente de distintos tamaños, formas y colores. Cada persona tiene dones y habilidades variados, y es hermoso reunirnos a alabar a Dios. Ninguno de nosotros es más importante que otro. Es esta singularidad de quienes integran la congregación lo que hace que la imagen completa sea agradable a Dios.
En Juan 13:34, Jesús dice: «Este mandamiento nuevo les doy: que se amen los unos a los otros». Así como mi hermano debió pegar las piezas para mantenerlas unidas, el amor de Dios por nosotros, nuestro amor por Dios y nuestro amor para cada persona nos mantiene unidos.
Para Dios soy una persona única e importante.
por la congregación de mi iglesia
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