Srta. Carolina Murgueytio (Azuay, Ecuador)
Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis ansiedades. Fíjate si voy por un camino que te ofende y guíame por el camino eterno. - Salmo 139:23-24 (NVI)
El último año del colegio entré en una crisis por no saber y tener control sobre mi futuro. Me sentía atormentada con preguntas frecuentes. ¿Qué carrera debo estudiar? ¿Qué me apasiona? ¿Qué universidad debo elegir? Pasaban los días y lo único que lograba hacer era llorar pidiéndole a Dios respuestas. Ver a mis compañeros realizar un plan para el futuro me hizo sentir aun más presionada. Así que, por muchos meses me dediqué a encontrar el mío. Leí diferentes folletos de universidades, realicé diferentes pruebas académicas, me comunicaba a diario con personas que me ayudaban con este proceso y en vez de encontrar claridad, solo logré estresarme aun más.
Intenté planear mi vida a mi manera y aunque pensaba que Dios era quien guiaría mi camino, mi corazón no estaba aceptando eso y seguía angustiada. Después de graduarme, seguí actuando conforme a mis planes, y cuando vi un poco de claridad en ellos, Dios los cambió por completo. Me llevó de un país a otro, me dio una nueva familia, y la oportunidad de estudiar en una de las mejores universidades estatales del país. Estoy pronto a terminar la carrera, y mirar hacia el pasado me produce risa y ternura. Los asuntos cotidianos nos agobian y nos presionan a tener un plan conforme a los afanes humanos. Pero Dios nos recuerda con pequeñas y grandes acciones que Dios es quien nos guía y quien nos dirige si nos depositamos en sus manos.
Hoy puedo dejar mis planes en las manos de Dios.
Por los jóvenes en busca de dirección
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