Sr. Peter Caligiuri (Florida, EE. UU.)
Así Dios les dará su paz, que es más grande de lo que el hombre puede entender; y esta paz cuidará sus corazones y sus pensamientos por medio de Cristo Jesús. - Filipenses 4:7 (DHH)
Aquí en la Florida (EE. UU.), generalmente gozamos de un clima soleado, cálido y tranquilo desde fines del otoño hasta entrada la primavera. Pero, el 1º de junio comienza la temporada de huracanes. Los que hemos vivido un tiempo aquí sabemos que eso significa proveerse de baterías y agua potable y mantener los tanques de gasolina de los autos llenos. No lo hacemos porque vivamos con miedo, sino porque sabemos que cuando se avecina una tormenta lo mejor es estar preparados.
Así como nos preparamos para un huracán, la paz de Dios no nos evita posibles tormentas, sino que nos permite estar listos para afrontarlas. En su carta a los Filipenses, el apóstol Pablo nos dice que la paz de Dios nos guarda, cuida nuestros corazones y mentes. No se trata de una paz frágil o delicada; es poderosa y valiente, y protege a todo aquél que busca al Señor. Esta paz puede ser nuestra gracias a la cruz de Jesús. ¡Es el regalo de Dios para toda aquella persona que cree, recibe a Jesús como Señor y Salvador y lo busca con todo su corazón!
La paz de Dios me prepara para las pruebas de la vida.
por comunidades azotadas por huracanes
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