Sr. Michael Reynolds (Florida, EE. UU.)
Tú, Señor, eres mi escudo y mi fuerza; en ti confía mi corazón, pues recibo tu ayuda. Por eso mi corazón se alegra y te alaba con sus cánticos. - Salmo 28:7 (RVC)
Cuando tenía ocho años, salí a jugar al bosque detrás de mi casa. Lo que comenzó como una tarde despreocupada se convirtió pronto en pánico cuando descubrí que estaba perdido. A punto de llorar, pedí auxilio, pero no hubo respuesta. Me sentí completamente solo.
Pero luego recordé lo que me decía mi padre antes de salir a caminar en familia: «Cuando te pierdas, detente y confía en que te encontraré». Sus palabras volvieron a mi mente y, aunque fuera en contra de mi instinto, eso fue lo que hice. Me senté sobre un tronco y oré. En lugar de intentar solucionar la situación por mí mismo, elegí esperar y confiar.
Pasaron los minutos hasta que escuché una voz familiar que me llamaba. Era mi padre que me buscaba. No supe cómo me encontró, pero su alivio y mi alegría eran supremos. Ese día aprendí lo que significaba confiar y obedecer, aunque no comprendiera cómo salir adelante.
Esto mismo es una verdad en nuestro camino espiritual. A veces nos sentimos perdidos, sin certezas o abrumados. En esos momentos, somos llamados a confiar y a obedecer la guía del Señor. Dios está siempre a nuestro lado y nos conduce a la seguridad y a la paz.
En tiempos de incertidumbre, abriré mi corazón a la luz de Dios para que me guíe.
por quienes se sienten perdidos y con miedo
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