Sra. Katherine Llanca (Lima, Perú)
De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna. - Juan 3:16 (RVR)
Hay momentos de angustia donde nos sentimos tristes, con miedo, donde sentimos que la vida se nos acaba, por un amor terrenal no correspondido, temas familiares, asuntos económicos, entre otros. A veces nos olvidamos que el verdadero amor y la verdadera paz no se encuentran en lo material sino en el amor de Dios. A lo largo de mi carrera, he visto cómo Dios obró en mí desde niña — me rescató de la muerte. Puedo afirmar que el amor de Dios es eterno, que se convierte en la melodía que enciende mi corazón con tan solo recordar su nombre. Mientras más sabemos de Él, más hambre de amor tenemos de Él.
He comprendido que de nada sirve tener tanta fama, tantos reconocimientos y tantos títulos si no tenemos lo principal — el amor de Dios. Jesús me demostró con amor que nada de extraordinario tiene alcanzar cosas materiales si no tenemos su amor y que en su eterno amor, nos abraza y nos dice: «¡Te amo!». El Señor, mediante su Palabra y obra, nos muestra que el amor todo lo puede, todo lo soporta, y qué mejor demostración que dar su vida por salvarnos de nuestros pecados. Dios me salvó de la muerte, de mi angustia y de mi tristeza. Puedo afirmar que el mejor tratamiento que pude tener para la sanidad de mi depresión fue la palabra de Dios.
Cristo es nuestro Sustentador y Consejero.
Por quienes enfrentan angustia y sienten que no tienen fuerzas
Responda pida su oración.