Sra. Mary Flo Brady (Virginia, EE. UU.)
Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. - 1ª de Pedro 4:10 (RVR)
Después de jubilarme a los 79 años, me mudé al pueblito donde vive mi hijo. Varias semanas después, mi vecina me invitó a la iglesia de campo pequeña. Había participado activamente en mi iglesia anterior y aguardaba con ansias hallar otra.
Durante la adoración, cantamos a cappella ya que no había pianista. Mi vecina me comentó que el pianista había renunciado y que no podían encontrar reemplazo. Le mencioné que sabía tocar, pero que había pasado mucho tiempo sin hacerlo. Se entusiasmó mucho con la posibilidad de volver a tener pianista, pero yo dudaba. Le pedí que me diera un mes para practicar y si me sentía confiada como para tocar en la iglesia lo intentaría.
Aquel mes oré a diario pidiendo a Dios su dirección. Siempre me había gustado tocar el piano, pero me sentía nerviosa de hacerlo ante otras personas. Sin embargo, sentí que Dios me conducía a esa iglesia y me estaba dando calma para compartir mi talento. Al terminar el mes, acepté el puesto.
La primera vez que lo hice mi corazón latía fuerte y mis manos temblaban un poco. Luego miré a la congregación. ¡Solo vi sonrisas! Oré: «Señor, ayúdame a hacer lo mejor». Ahora, cuando toco, agradezco a Dios por llevar mis dedos a las teclas correctas y su compañía en este camino de servicio. Estoy donde pertenezco — en esta congregación, tocando el piano.
Al compartir mi talento, estoy sirviendo al Señor.
por compartir mis dones con confianza
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