Sr. Daniel Valencia Guevara (Ozumba, México)
Los que amáis a Jehová, aborreced el mal; él guarda las almas de sus santos;… - Salmo 97:10 (RVR)
Un domingo, mi hijo y yo regresábamos por la noche a la Ciudad de México luego de una reunión familiar en la provincia, como suele ocurrir cada fin de semana. En este viaje de regreso, volvimos a comprobar la gran misericordia y el cuidado de Dios para con sus hijos. Fuimos víctimas de un asalto a mano armada. La persona que ocasionó el daño, después de habernos encañonado, dudó para halar el gatillo.
Al llegar a casa sanos y salvos, aunque asustados y pensativos sobre lo que significa la línea tan frágil de la vida, encontramos el versículo citado arriba. Dios nos guía y cuida de nosotros. Mi hijo toca en el grupo de alabanza de nuestra iglesia. Después de mi pacto con Dios, he tratado de modificar mi manera de ser y de actuar. Puedo comprobar una vez más que el Señor está atento a sus hijos y los protege.
Dios es fiel a su promesa de cuidarnos.
Por el cuidado de Dios
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