Sra. Ginette Enid Reyes Guzmán (Puerto Rico)
Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. - Eclesiastés 3:1 (RVR)
Por muchos años soñé con comprar la casa en la que vivía alquilada. Allí pasé quince años rodeada de buenos vecinos y con el espacio suficiente para que mis perritos jugaran en el patio. Sin embargo, a pesar de mis intentos, nunca logré comprarla. Hasta que un día recibí la triste noticia de que debía mudarme porque mi tío había decidido venderla. Ese momento fue muy triste. No solo estaba apegada al hogar, también temía perder la estabilidad que había desarrollado en ese lugar.
Entonces, en oración, le pedí a Dios que me guiara, que me mostrara dónde quería que estuviera y me abriera la puerta correcta. Con el paso del tiempo y con la ayuda de mi madre y de mi hermana, Dios obró de manera perfecta: aquella casa, que tantas veces soñé con tener, finalmente pasó a ser mía. Hoy puedo mirar atrás y reconocer que Dios siempre escuchó mi oración, pero me respondió en su tiempo, no en el mío.
Muchas veces la ansiedad nos empuja a buscar soluciones inmediatas, pero Dios conoce lo que aún no vemos. Su tiempo es perfecto porque Dios prepara el terreno, fortalece nuestra fe y nos da más de lo que pedimos o imaginamos. La espera, aunque dolorosa, no es pérdida — es el espacio donde Dios moldea nuestro carácter, nos enseña a confiar y nos prepara para recibir lo que verdaderamente necesitamos.
Dios nunca llega tarde; sus bendiciones siempre llegan a tiempo.
Por quienes esperan respuesta a sus oraciones
Responda pida su oración.