Sr. Michael Reynolds (Florida, EE. UU.)
No juzguen por las apariencias; juzguen con justicia. - Juan 7:24 (NVI)
Durante mi primer semestre como profesor de matemáticas, las expresiones faciales y el lenguaje corporal de una estudiante me dejaron claro —al menos en mi mente— que no le caía bien ni le gustaba mi estilo de enseñanza. Su actitud hizo que dar esa clase fuera menos agradable, y me sentí aliviado cuando terminó el semestre.
Entonces recibí un correo electrónico que lo cambió todo. Era de la estudiante, explicando que sufría de una ansiedad extrema ante las matemáticas y que temía que mi clase le impidiera graduarse. Lo que yo había interpretado como desagrado era en realidad miedo e inseguridad. Me dijo que yo era el mejor profesor de matemáticas que había tenido y que mi enseñanza le ayudó a aprobar. Ese simple mensaje me impactó. Lo que yo había percibido como resistencia era en realidad una lucha silenciosa. Sus palabras me animaron de maneras que ella nunca podría haber imaginado, y me han acompañado desde entonces.
Esta experiencia me hizo reflexionar sobre la frecuencia con la que juzgamos mal a otras personas, asumiendo lo peor cuando esa persona puede estar llevando una carga que no vemos. Recordé la importancia de mostrar compasión, en lugar de hacer suposiciones. Mi estudiante me demostró que incluso los actos de bondad más pequeños pueden dejar una huella que dura toda la vida.
Dios puede usar mis actos de bondad para marcar una gran diferencia.
Por los maestros y sus alumnos
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