Sra. Charleen Hunter (Nueva York, EE. UU.)
El Señor está cerca, para salvar a los que tienen el corazón hecho pedazos y han perdido la esperanza. - Salmo 34:18 (DHH)
El 8 de noviembre de 2024, el mundo de nuestra familia se derrumbó cuando el tío de mi esposo, Ron, se quitó la vida. Como persona que también ha luchado contra una enfermedad mental, la muerte de Ron me afectó profundamente. Sé muy bien lo abrumadoras que pueden ser esas luchas. Su dolor reflejaba el mío en ocasiones, y la idea de que lo estuviera soportando solo era devastadora. El duelo trajo consigo una avalancha de preguntas: ¿Por qué no vimos su dolor? ¿Pudimos haber hecho algo para ayudar?
Mientras revisábamos las pertenencias de Ron, el peso de su pérdida se sentía insoportable. Sin embargo, incluso en esos momentos oscuros, la presencia de Dios comenzó a manifestarse. Los miembros de la familia se apoyaron mutuamente, los amigos nos trajeron comida y oraciones, y Lamentaciones 3:22-23 me brindó un ancla muy necesaria para mi corazón, recordándome que incluso en el duelo más profundo, el amor de Dios es constante y su misericordia nos renueva día a día.
Llorar la muerte de Ron ha sido una experiencia difícil, pero también ha sido un recordatorio del poder sanador de Dios. Aunque el dolor de la pérdida y las dificultades de la enfermedad mental pueden parecer abrumadores, Dios nunca nos abandona. Dios está cerca de los quebrantados de corazón.
La luz de Dios brilla incluso en los momentos más oscuros.
Por familias afectadas por enfermedades mentales
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