Erin Racine | Leer Habacuc 1:1-4
«¡Eso no es justo!», de niña solía decir estas palabras con frecuencia. ¿De quién era el turno de escoger la película? ¿Quién tenía la lista de tareas más larga? ¿Quién recibió el pedazo de brownie más grande? Ante cualquier desigualdad real o percibida en mi familia, rápidamente decía: «¡Eso no...
Dios amoroso, escucha el clamor de nuestros corazones por las necesidades de tu pueblo. Te las presentamos hoy. Amén.
Habacuc queda horrorizado ante la destrucción y la violencia que lo rodean y se pregunta por qué la justicia nunca parece triunfar. Al final de la lectura, Dios contrasta al orgulloso con el justo que vive por la fe. El salmista se deleita en la justicia de Dios y en los mandamientos divinos; sin embargo, reconoce su pequeño lugar. La adversidad también aparece en Segunda de Tesalonicenses, pero aquí las luchas que enfrentan los fieles tienen un propósito específico: son señales del inminente regreso de Jesucristo. En la lectura del Evangelio, Jesús le dice a Zaqueo «Hoy ha llegado la salvación a esta casa», lo que nos recuerda que los justos que viven por la fe no son necesariamente aceptables desde el punto de vista social o religioso.
• Lea Habacuc 1:1-4 y 2:1-4. ¿Cómo puede esperar activamente la respuesta de Dios a sus oraciones y quejas? ¿Cómo actuará una vez que llegue esa respuesta?
• Lea el Salmo 119:137-144. ¿Cómo sigue los mandamientos de Dios frente a la injusticia y la corrupción?
• Lea 2 Tesalonicenses 1:1-4, 11-12. La labor de la iglesia nunca ha sido fácil. ¿Cómo trabaja su comunidad de fe para manifestar el amor de Dios en un tiempo en que muchos rechazan —o se sienten rechazados por— las instituciones eclesiásticas?
• Lea Lucas 19:1-10. ¿Cuándo ha corrido hacia Jesús? ¿Cómo puede compartir su experiencia para que otros también lo busquen?
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