Bethany Barnett | Leer Éxodo 24:12-18
La realidad es escurridiza en Éxodo 24. Las descripciones tan detalladas de Dios son paradójicas. Primero, la presencia de Dios se describe como una nube que cubre la montaña, pero el siguiente versículo habla de «la gloria del Señor», lo cual sugiere un grado de brillo y resplandor. Finalmente, Dios...
Dios, abre mis ojos. Ayúdame a verte y a reconocer tu obra en el mundo de maneras nuevas. Amén.
Una nube, no oscura sino encendida como el fuego, se posa sobre la cima del monte Sinaí: esta es la Palabra del Señor. En la presencia inmediata de Dios, no podemos evitar quedar totalmente transformados por la experiencia. Jesús, incluso él, quien es divino, comienza a resplandecer cuando Dios se manifiesta en persona. El autor de 2ª de Pedro recuerda esta experiencia en la montaña y el salmo alaba la tradición de los ungidos. También nosotros debemos ser transformados por la aparición luminosa y transformadora de Dios. Cuando vemos la luz de Dios brillando en un lugar oscuro, algunos de nosotros corremos con miedo, otros tiemblan incapaces de moverse y otros permanecen de pie en asombro ante la gloria de Dios. El mismo Dios que transformó a Jesucristo está obrando en nosotros. Nunca volveremos a ser los mismos.
P R E G U N T A S Y S U G E R E N C I A S P A R A L A R E F L E X I Ó N
• Lea Éxodo 24:12-18. Léalo despacio, prestando atención a los cinco sentidos. ¿Qué cree usted que Moisés vio, tocó, olió y probó?
• Lea el Salmo 2. ¿Cuándo ha visto usted a personas en el poder hacer algo contrario a la voluntad o al carácter de Dios? ¿Cuál es la respuesta de este salmo ante esa acción?
• Lea Mateo 17:1-9. ¿Cómo sería para usted estar de pie en la presencia plena de Dios? ¿Qué le diría Dios?
• Lea 2 Pedro 1:16-21. ¿Qué está haciendo Dios en su vida para transformarlo/a?
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