Señales y maravillas

1 de enero, 2026 por Lindsay Gray

He colocado mi arcoíris en las nubes, el cual servirá
como señal de mi pacto con la tierra.

— Génesis 9:13 (NVI)


La Biblia está llena de señales milagrosas de la presencia de
Dios: el arcoíris después del diluvio, una zarza que arde, pero
no se consume, la protección de un grupo de hombres en un
foso de leones y en un horno en llamas, la conversión de agua
en vino, una caminata sobre el agua. Éstas son solo algunas de
las maravillas que hallamos en la Escritura. Sin embargo, para
ser honesta, me resulta difícil comprender estas señales y me
provocan cierta incredulidad. Aunque mi vida está marcada por
la gracia y el amor de Dios, no he percibido señales y maravillas
como esas. Pero tampoco creo que las señales de la presencia y
el amor de Dios deban ser espectaculares o sobrenaturales para
marcar una diferencia importante en nuestras vidas.
En este número de El Aposento Alto, los escritores y escritoras
describen situaciones cotidianas que adquieren un significado
nuevo porque, a través de ellas, sintieron la presencia de
Dios. Un árbol que crece en una roca, notitas en una lonchera
que inician una conversación sobre la fe, equipos de deportes
que se alientan unos a otros, un lugar extra en la mesa — cada
una de éstas son señales de la presencia y del amor de Dios en
el mundo. Cuando prestamos atención y recibimos estos momentos
de gracia únicos como una confirmación del amor y el
cuidado del Señor, nuestras vidas se enriquecen y se conectan
con el continuo obrar de Dios en la tierra. Y cuando permitimos
que esta conexión profunda con lo divino
moldee nuestras palabras y acciones, facilitamos
que otras personas también perciban la
presencia del Señor. ¿Qué haremos para permanecer
alerta a las señales de la presencia
de Dios en las próximas semanas?


— Lindsay L. Gray
Directora Editorial
Th e Upper Room


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La misión de la revista El Aposento Alto es proveer una forma práctica de escuchar la Escritura, de conectarse con los creyentes alrededor del mundo y de pasar un tiempo con Dios cada día.

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Imagen por: Guy MOLL