Salmos 139:1-24
1
Señor, tú me has examinado y me conoces; 2
tú sabes cuando me siento o me levanto; ¡desde lejos sabes todo lo que pienso! 3
Me vigilas cuando camino y cuando descanso; ¡estás enterado de todo lo que hago! 4
Todavía no tengo las palabras en la lengua, 5
Tu presencia me envuelve por completo; la palma de tu mano reposa sobre mí. 6
Saber esto rebasa mi entendimiento; ¡es tan sublime que no alcanzo a comprenderlo! 7
¿Dónde puedo esconderme de tu espíritu? 8
Si subiera yo a los cielos, allí estás tú; si me tendiera en el sepulcro, también estás allí. 9
Si levantara el vuelo hacia el sol naciente, 10
aun allí tu mano me sostendría; ¡tu mano derecha no me soltaría! 11
Si quisiera esconderme en las tinieblas, 12
¡ni las tinieblas me esconderían de ti, 13
Tú, Señor, diste forma a mis entrañas; tú me formaste en el vientre de mi madre! 14
Te alabo porque tus obras son formidables, 15
Aunque en lo íntimo me diste forma, 16
Con tus propios ojos viste mi embrión; todos los días de mi vida ya estaban en tu libro; antes de que me formaras, los anotaste, y no faltó uno solo de ellos. 17
Dios mío, ¡cuán preciosos me son tus pensamientos! 18
Si los contara, serían más que la arena; si terminara de contarlos, tú aún estarías allí. 19
Dios mío, ¡quítales la vida a los malvados! 20
a esos enemigos tuyos 21
Señor, tú sabes que odio a los que te odian, 22
Son para mí totalmente aborrecibles; ¡los considero mis peores enemigos! 23
Señor, examina y reconoce mi corazón: pon a prueba cada uno de mis pensamientos. 24
Así verás si voy por mal camino,