Primer libro de Samuel 3:2-11
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Un día, mientras Elí reposaba en su aposento, pues tenía la vista cansada y casi no veía, 3
y Samuel dormía en el santuario donde estaba el arca de Dios y la lámpara de Dios aún no se apagaba, 4
el Señor llamó a Samuel, y él respondió: «Aquí estoy, Señor.» 5
Así que fue corriendo a donde estaba Elí, y le dijo: «Aquí estoy. ¿Para qué me llamaste?» Pero Elí le respondió: «Yo no te he llamado. Vuelve a acostarte.» Y Samuel volvió y se acostó. 6
Pero el Señor volvió a llamar a Samuel, así que el joven se levantó, fue a ver a Elí y le dijo: «Aquí estoy. ¿Para qué me has llamado?» Y Elí volvió a decirle: «Yo no te he llamado, hijo mío. Regresa y acuéstate.» 7
En aquel tiempo, Samuel aún no conocía al Señor, ni se le había revelado su palabra. 8
Y el Señor llamó por tercera vez a Samuel, y él se levantó y fue a ver a Elí, y le dijo: «Aquí estoy. ¿Para qué me has llamado?» Con esto, Elí entendió que el Señor había llamado al joven, 9
así que le dijo a Samuel: «Ve y acuéstate. Y si vuelves a escuchar que te llaman, dirás: “Habla, Señor, que tu siervo escucha.”» Y Samuel fue y se acostó. 10
Entonces el Señor se detuvo junto a él, y lo llamó como las otras veces: «¡Samuel, Samuel!» Y Samuel respondió: «Habla, Señor, que tu siervo escucha.» 11
Y el Señor le dijo: «Escucha bien. Voy a hacer en Israel algo que, a quien lo oiga, le zumbarán los oídos.