Salmos 38:1-22
1
Señor, no me reprendas en tu enojo; ¡no me castigues en tu ira! 2
Tus flechas se han clavado en mí; ¡sobre mí has dejado caer tu mano! 3
Por causa de tu enojo, nada sano hay en mi cuerpo; por causa de mi maldad, no hay paz en mis huesos. 4
Mi pecado pesa sobre mi cabeza; ¡son una carga que ya no puedo soportar! 5
Por causa de mi locura, 6
Estoy abrumado, totalmente abatido; ¡todo el tiempo ando afligido. 7
La espalda me arde sin cesar: ¡no hay nada sano en todo mi cuerpo! 8
Me siento débil y en gran manera agobiado; ¡mis quejas son las de un corazón atribulado! 9
Señor, tú conoces todos mis deseos; mis anhelos no te son ocultos. 10
Mi corazón se agita, me faltan fuerzas, 11
Mis mejores amigos se alejan de mis males; ¡hasta mis parientes se apartan de mí! 12
Hay quienes conspiran contra mi vida; buscan mi mal y tratan de arruinarme. ¡Todo el tiempo hacen planes contra mí! 13
Pero yo cierro los oídos, y no los oigo; finjo ser mudo y no abro la boca. 14
Soy como los que no oyen 15
Señor, yo confío en ti; ¡tú, Señor mi Dios, responderás por mí! 16
Tan sólo pido que no se alegren de mí; ¡que no se burlen de mí, si acaso caigo! 17
En realidad, estoy a punto de caer, 18
Por eso, voy a confesar mi maldad; pues me pesa haber pecado. 19
Mis enemigos están sanos y fuertes; aumentan los que me odian sin razón. 20
Los que me pagan mal por bien 21
Señor, ¡no me abandones! 22
Señor, mi salvador,