Sra. Mónica A. Andermann (Nueva York, EE. UU.)
Más bien, sean bondadosos y compasivos unos con otros y perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo. - Efesios 4:32 (NVI)
Mientras regaba mi planta, pensaba en su historial. La planta original mi madre la recibió como regalo hace sesenta años en la inauguración de su casa. Cuando yo me mudé a mi primera casa, mamá también me regaló una planta — fruto de la planta original que ella recibió. Eventualmente, propagué otra planta que se exhibía en mi oficina.
Durante años, compartí cortes de la planta con otros familiares, amigos y compañeros de trabajo. Cuando pienso en todos los hogares que han acogido a esa planta, me sorprende — ¡ha hecho la ronda! ¿Con cuántas personas he compartido todos estos años esa planta? Y, a la vez, ¿cuántas de esas personas también compartieron cortes de sus plantas?
Me complace saber que he llegado a otras personas a través de este acto de compartir. Es aun más gratificante pensar que este espíritu de dar continuará, transmitido por los beneficiarios durante años venideros. Espero inspirar esta misma sinergía cada vez que comparto el amor de Cristo a través de palabras de aliento, un corazón perdonador, un toque de compasión y un espíritu lleno de caridad. Compartir la bondad de Dios puede tener efectos de largo alcance.
Seré amable con otras personas cada día.
Por las personas cuya generosidad me inspira
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