Sra. Amy Catlin Wozniak (Ohio, EE. UU.)
Él nos consuela en todos nuestros sufrimientos, para que nosotros podamos consolar también a los que sufren, dándoles el mismo consuelo que él nos ha dado... - 2ª a los Corintios 1:4 (DHH)
Durante mucho tiempo, después de la muerte de Ryan, mi hijastro, lloraba todos los domingos en la iglesia durante el tiempo de adoración. Mantenía la vista en el vitral que mostraba a Jesús llevando en brazos una oveja y a otras siguiéndolo. Sabía que yo era la oveja que estaba en sus brazos. Éramos nuevos en la congregación y yo no conocía a todas las personas ni sus historias, pero ellos sabían de la nuestra. Al mirar a mi alrededor, pude ver rostros que me comprendían.
Más tarde llegué a conocer a nuestros hermanos y hermanas. Muchos de ellos compartieron conmigo sus historias y duelos y cómo los atravesaron. Así se hizo claro que mientras Jesús me llevaba, al abrigo de su consuelo y la seguridad de sus brazos, Él también enviaría a su rebaño a caminar conmigo. La expresión de los rostros de mis hermanos mostraba su fe, y en ella se fortalecía y sostenía la mía. En aquellos días de prueba, yo necesitaba a Jesús y a esas amistades. Ahora intento extender mi mano a quienes están enfrentando sus propios duelos, ayudándoles a hallar y aferrarse a su fe.
Ofreceré consuelo a quienestá de luto.
por quienes necesitan de mi sostén
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