Sra. Vanessa Ekhaese (Estado de Lagos, Nigeria)
Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento. - Salmo 23:4 (RVR)
La noche de un martes estaba en la sala viendo las noticias cuando sonó el teléfono de mi madre. Al responder se puso pálida; supe que algo estaba muy mal. Antes de que pudiese preguntar, apareció un titular en la pantalla: «Falleció el Sr. David Churchill en un trágico accidente automovilístico».
David, nuestro director de coro, amable y entusiasta, se había ido. Precisamente el domingo anterior nos había dirigido en un canto muy poderoso. El corazón me dio un vuelco y me estremecieron las emociones. Al procesar la noticia me invadió una fuerte inquietud. ¿Es así la vida? ¿En un momento todo está bien y al siguiente todo terminó? ¿Qué ocurriría si muero inesperadamente?
Durante 15 años lo impredecible ensombreció cada momento de mi vida. Esta lucha me condujo al Señor. Pensé que entregar mi vida a Cristo borraría todo mi temor, pero no fue así. Un día, en total desconcierto, tomé mi Biblia segura de que había una manera en la que Dios me ayudaría a soltar mi miedo a la muerte. Así fue como incorporé el estudio de la Bibla en mi vida cotidiana. Cada vez que la estudio me queda más claro el carácter del Señor.
Comencé confiando en la presencia de Dios y hallando valor en las promesas de Dios. El versículo 4 del Salmo 23 se convirtió en mi consuelo. Poco a poco mi fe creció y el miedo se disipó al entregarlo al Señor.
Dios está conmigo en cada momento de incertidumbre.
por quienes luchan contra el miedo
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