No acumulen ustedes tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido corroen, y donde los ladrones minan y hurtan. - Mateo 6:19 (RVC)

Al abrir la puerta del gabinete, salió volando una polilla de la despensa. Debo haber guardado algo contaminado con esos huevos y la infestación había sucedido sin que lo viera.

Limpié todo lo que había en el mueble y el mueble mismo. Descarté galletas, cereales, harina, arroz y pastas secas. Eran alimentos que había guardado para casos de emergencias y ahora estaban arruinados. Erradicar esas pestes requería perder «tesoros» acumulados y semanas de atención e inspección.

Este proceso me llevó a pensar cómo una mala actitud, un hábito o comportamiento no adecuado pueden comenzar de manera inocente, pero luego instalarse y esparcirse en áreas importantes de la vida. Tal vez no comprendamos sus efectos destructivos hasta que se daña algo precioso, como nuestra reputación, relaciones, empleo, salud o testimonio cristiano. Al igual que las polillas, cuando se ha instalado un hábito o comportamiento, puede ser difícil de quitar. Es necesario pedir al Señor que nos limpie (Salmo 51:10) y luego evitar aquello conectado con esas costumbres (2ª de Pedro 2:22).

Si reemplazamos los viejos hábitos por nuevos comportamientos, como la compasión, un tiempo devocional regular y actos de amor, estaremos asegurando nuestro tesoro en el cielo.

Oración de hoy
Padre celestial, ayúdanos a valorar tus recompensas eternas más que las riquezas terrenales. Que podamos hacer lo que te agrada y nos conduce a la vida nueva. Amén.

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Lectura de hoy
Evangelio según San Mateo 6:19-21

Pensamiento del día

Mi corazón estará allí donde está mi tesoro.

Oremos

por fortaleza para cambiar malos hábitos


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