Sra. Mary Neumann (Georgia, EE. UU.)
No acumulen ustedes tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido corroen, y donde los ladrones minan y hurtan. - Mateo 6:19 (RVC)
Al abrir la puerta del gabinete, salió volando una polilla de la despensa. Debo haber guardado algo contaminado con esos huevos y la infestación había sucedido sin que lo viera.
Limpié todo lo que había en el mueble y el mueble mismo. Descarté galletas, cereales, harina, arroz y pastas secas. Eran alimentos que había guardado para casos de emergencias y ahora estaban arruinados. Erradicar esas pestes requería perder «tesoros» acumulados y semanas de atención e inspección.
Este proceso me llevó a pensar cómo una mala actitud, un hábito o comportamiento no adecuado pueden comenzar de manera inocente, pero luego instalarse y esparcirse en áreas importantes de la vida. Tal vez no comprendamos sus efectos destructivos hasta que se daña algo precioso, como nuestra reputación, relaciones, empleo, salud o testimonio cristiano. Al igual que las polillas, cuando se ha instalado un hábito o comportamiento, puede ser difícil de quitar. Es necesario pedir al Señor que nos limpie (Salmo 51:10) y luego evitar aquello conectado con esas costumbres (2ª de Pedro 2:22).
Si reemplazamos los viejos hábitos por nuevos comportamientos, como la compasión, un tiempo devocional regular y actos de amor, estaremos asegurando nuestro tesoro en el cielo.
Mi corazón estará allí donde está mi tesoro.
por fortaleza para cambiar malos hábitos
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