Sra. Gail Wamsley (Virginia, EE. UU.)
En todo tiempo ama el amigo; para ayudar en la adversidad nació el hermano. - Proverbios 17:17 (NVI)
Es primavera y las flores están en todo su apogeo. Ayer, mientras daba un paseo, vi un jardín abandonado. Las malezas apenas dejaban ver las flores. Me pregunté: ¿por qué alguien plantaría flores tan bonitas para luego no cuidarlas?
Más tarde, ese mismo día, reflexioné sobre lo mucho que tienen en común los jardines y la amistad. Para sobrevivir y florecer, las flores necesitan atención: hay que quitar las malezas, regar lo suficiente y eventualmente agregar algún fertilizante. Las amistades también requieren atención y cuidado.
Fui bendecida con grandes y maravillosos amigos que han enriquecido mi vida de muchas maneras. Los atesoro, pero reconozco que en los últimos años los he descuidado. Me propongo hacer un mejor trabajo al atender mi jardín de amistades. Una llamada, una visita, una palabra de aliento o una mano es todo lo que se necesita para que florezca la amistad.
Creo que Dios desea que tengamos amigos. La Biblia contiene muchas referencias a la amistad y ofrece cantidad de ejemplos de amistades duraderas como la de David y Jonatán, Pablo y Bernabé y Jesús y sus discípulos. No permitamos que lo ajetreado de la vida resulte en que se marchiten nuestras amistades preciosas, sino que las atendamos para que florezcan.
Mis amistades son dones de Dios que debo cuidar.
por nuestras amistades
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