Sr. Wayne Greenawalt (Wisconsin, EE. UU.)
¿No saben que en una carrera todos los corredores compiten, pero solo uno obtiene el premio? Corran, pues, de tal modo que lo obtengan. - 1ª a los Corintios 9:24 (NVI)
«¡Queda un kilómetro!», gritó el cronometrador mientras yo cruzaba la marca de una carrera de cinco kilómetros. Estaba cansado, pero mantuve la vista en la meta y mi mente enfocada en ganar el premio. Corría con la expectativa de obtener la recompensa que supone ser el primero en cruzar la línea de la meta. Me había preparado durante meses para este día.
Al principio, otros corredores se me adelantaron, pero mantuve mi propio ritmo. Mientras afrontaba las cuestas, pensé en abandonar la carrera. Los últimos cien metros fueron los más duros. Mi respiración era pesada y me dolían las piernas. Pero, los ánimos de las personas apostadas a lo largo del camino me impulsaron a continuar. Terminé con fuerza y obtuve el premio.
El apóstol Pablo compara la vida cristiana con una carrera. Debemos correr el trayecto que se nos ha señalado con propósito y perseverancia. Para correr con energía, es fundamental ejercitar las disciplinas espirituales, la oración, la adoración y el estudio bíblico. Todos rendiremos cuentas ante Cristo y seremos recompensados por la forma en que hemos vivido. Cuando me presente ante Cristo, deseo recibir su aprobación y obtener las recompensas por una vida de fe y de obediencia.
Perseveraré en el camino que Cristo ha trazado para mí.
Por los corredores
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