Sra. Paula Uslenghi (Entre Ríos, Argentina)
Cosas que ojo no vio ni oído oyó ni han subido al corazón del hombre, son las que Dios ha preparado para los que lo aman. - 1ª a los Corintios 2:9 (RVR)
En mi primer año universitario, viví en un hogar para estudiantes de la iglesia, en la ciudad de Paraná. Tenía un parque enorme de muchos metros cuadrados ocupados por plantas silvestres, cañas y césped. Una vez le pregunté a una hermana de la iglesia acerca de un árbol. Dijo que era un ciruelo. Me alegré porque imaginé que pronto podría disfrutar de las ciruelas, pero casi de inmediato ella agregó que nunca había dado frutos. Luego de finalizado el año, ya avanzado el verano, observé que el árbol tenía frutos. Al acercarme, las ciruelas aún estaban verdes y amarillas. ¡Debo esperar un poco a que estén moradas, y podré saborearlas!
Pasaron los días, seguí la rutina de ir a clases, y dejé de estar pendiente. Por otro lado, al observar de salida y desde lejos, apreciaba que aún no maduraban. Grande fue mi sorpresa un día cuando me acerqué y observé que varias frutas se habían caído o estaban mordidas por las aves. Resultó que las ciruelas eran las amarillas, y eso era desconocido para mí. Nunca olvido esa anécdota, porque creo que Dios a menudo nos presenta respuestas, pero la rigidez de nuestras creencias o expectativas, nos hacen perder «los frutos diversos» de la gracia de Dios. Por quedar esperando las ciruelas moradas, estaba perdiendo apreciar el sabor de algo nuevo.
Estaré atenta a los diversos mensajes de Dios.
Por apreciar la multiforme gracia de Dios
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