Sra. Pam Hickerson (Texas, EE. UU.)
Que el Señor nuestro Dios esté con nosotros, como estuvo con nuestros antepasados; que nunca nos deje ni nos abandone. - 1º de Reyes 8:57 (NVI)
Me miraba al espejo mientras me cepillaba el cabello y observé las canas entremezcladas con el pelo castaño. Mientras me maquillaba, veía que comenzaban a aparecer arrugas en mi rostro. Suspiré en voz alta, pensando en qué me depara el futuro. Me sentía vieja. De hecho, era mayor y pronto se acercaba un cumpleaños importante. Terminé de vestirme y acompañé a mi esposo a su cita médica.
Sentada en la sala de espera, me fijé en un cuadro enmarcado con el versículo de Isaías 46:4: «Aun en la vejez, cuando ya peinen canas, yo seré el mismo, yo los sostendré. Yo los hice y cuidaré de ustedes; los sostendré y los libraré». Dios estaba hablando al pueblo de Israel, pero también me hablaba a mí. «¿Acaso no ha estado Dios siempre conmigo a lo largo de mi vida?». Sin duda, Dios ha estado presente en todos los altibajos.
Dios no va a dejarme o abandonarme a medida que envejezco. No tengo por qué preocuparme. No solo Dios estará conmigo a través de la vejez, Dios promete acompañarme por toda la eternidad. Nuestro Creador jamás abandona a quienes creen y confían en Dios.
El cuidado de Dios por mí es constante y eterno.
Por personas que temen envejecer
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