Pues si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más su Padre que está en el cielo dará cosas buenas a quienes se las pidan! - Mateo 7:11 (DHH)

Recientemente me convertí en madre. Aunque es una experiencia hermosa ser madre, ¡es un trabajo duro! La falta de sueño, las tareas interminables y las nuevas responsabilidades a menudo me dejan abrumada y me siento inadecuada. A pesar de mis debilidades, Dios —el padre perfecto— me ha presentado una imagen poderosa de su carácter y el amor que tiene por mí.

Cuando me quejo por despertar a las cuatro de la mañana por los llantos de mi hija, puedo consolarme sabiendo que Dios se deleita en escucharme en cualquier momento y por cualquier motivo. Cuando me siento irritable por la falta de sueño, experimento paz porque sé que Dios no duerme y está pendiente de mí. Cuando me cuesta entender el motivo de las lágrimas de mi hija, sé que el Padre celestial conoce mis necesidades incluso antes que yo.

Mi amor por mi hija no está a la altura del amor que nuestro Padre celestial tiene por nosotros. Es una verdad en la cual podemos contar. Los niños pueden cometer errores, crecer, llorar y prosperar sin perder el amor inquebrantable de sus padres. ¡Cuánto más seguros estamos en el cuidado de Dios!

Oración de hoy
Dios de quien fluye toda bendición, gracias por ser nuestro padre perfecto y por recibirnos como tus hijos. Amén.

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Lectura de hoy
El santo evangelio según San Lucas 18:15-17

Pensamiento del día

Dios está deseoso de saber de mí y de colmarme de amor.

Oremos

Por los padres primerizos


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