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Oh Señor, tú nos cuidas y bendices en cada ciudad, en cada pueblo, en cada aldea, en cada corazón.
Cuando practicamos nuestra fe a diario, confiar en Dios se convierte en algo tan natural como que un pájaro surque el cielo.
Como el capullo que supera las dificultades del invierno para florecer en primavera, la bondad vencerá al mal.
Al unirnos en el camino de la vida, nos fortalecemos mutuamente y nuestros momentos se iluminan.
«Alégrense siempre en el Señor. Insisto: ¡Alégrense!». Filipenses 4:4 (NVI)
Señor, cuando veo signos de tus promesas, me lleno de esperanza y alegría.
Estamos llamados a ser administradores de las maravillas naturales de Dios, preservándolas para las generaciones venideras.
«Recuerda los días de antaño; considera las épocas del remoto pasado. Pídele a tu padre que te lo diga, y a los ancianos que te lo expliquen». Deuteronomio 32:7 (NIVI)