Más allá de la tormenta, un pequeño destello en el horizonte nos da esperanzas de que vendrán tiempos mejores.
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Cualquier lugar donde la gente se reúna para admirar la creación de Dios es sagrado.
Las aves saben instintivamente cuándo reunirse para migrar y dónde volar. Nosotros también deberíamos confiar en la sabiduría interior que Dios nos ha dado.
«Ustedes saldrán con alegría y serán guiados en paz. A su paso, las montañas y las colinas prorrumpirán en gritos de júbilo y aplaudirán todos los árboles del bosque». Isaías55:12 (NVI)
El florecimiento de la vida en la tierra requiere que cada uno de nosotros contribuya como pueda.
Demos de nuestra abundancia y aceptemos con humildad la abundancia que se nos ofrece.
«Si sus pecados son como la grana, se pondrán blancos como la nieve». Isaías 1:18 (RVC)
El Espíritu Santo nos llama a lo desconocido, animándonos a dejar atrás nuestros lugares de comodidad.