«Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad en lo alto de una montaña no puede esconderse». Mateo 5:14 (NVI)
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Cuando cuidamos la tierra que se nos ha confiado, honramos a Dios y la tierra nos sostiene.
La voz de cada criatura, por insignificante que parezca, forma parte del coro de la vida.
No podemos entender la experiencia de otra persona hasta que la miramos a los ojos y escuchamos su historia con el corazón y la mente abiertos.
Oh Dios, danos paciencia para aprender a subir la colina que tenemos delante antes de aspirar a la cima de la montaña en la distancia.
Cuando somos personas bondadosas, honramos la luz de Dios en la otra persona.
«Ahora bien, el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad». 2ª a los Corintios 3:17 (RVR 1977)
Dios creó a cada uno de ellos, únicos pero lo suficientemente parecidos como para vivir en armonía.