Como los arroyos que fluyen sin cesar, el amor de Dios por nosotros sana nuestras almas y nos trae paz.
Últimas imágenes
La abeja necesita la flor, así como nosotros necesitamos a nuestro Padre celestial, que nos sostiene.
"[Josué] dijo a los israelitas: «En el futuro, cuando sus hijos les pregunten: “¿Por qué están estas piedras aquí?”, ustedes les responderán: “Porque el pueblo de Israel cruzó el río Jordán en seco”.(Josué 4:21-22, NVI).
El amor de Dios por el mundo florece a través de nuestros actos de compasión.
"Dichoso el hombre … que en la ley del SEÑOR se deleita … Es como el árbol plantado a la orilla de un río que, cuando llega su tiempo, da fruto y sus hojas jamás se marchitan." (Salmo1:1-3, NVI).
"Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo". (Efesios 4:26, RVR).
Cuando creemos que hemos visto todo lo que hay que ver, Dios nos invita a mirar más de cerca.
Oh Dios, cuando sentimos que hemos perdido el rumbo , mantennos en tu amoroso cuidado.