«Señor, muéstrame tus caminos; guíame por tus senderos; guíame, encamíname en tu verdad, pues tú eres mi Dios y Salvador. ¡En ti confío a todas horas!». Salmo 25:4-5 (DHH)
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Seguir a Cristo requiere que miremos más allá de nuestros propios problemas y circunstancias para poder ver y servir al bienestar de los demás.
"Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo." (Mateo 22:39, RVR).
A pesar de las circunstancias devastadoras, podemos colocar nuestra esperanza en Dios.
La abeja necesita la flor, así como nosotros necesitamos a nuestro Padre celestial, que nos sostiene.
"[Josué] dijo a los israelitas: «En el futuro, cuando sus hijos les pregunten: “¿Por qué están estas piedras aquí?”, ustedes les responderán: “Porque el pueblo de Israel cruzó el río Jordán en seco”.(Josué 4:21-22, NVI).
El amor de Dios por el mundo florece a través de nuestros actos de compasión.
"Dichoso el hombre … que en la ley del SEÑOR se deleita … Es como el árbol plantado a la orilla de un río que, cuando llega su tiempo, da fruto y sus hojas jamás se marchitan." (Salmo1:1-3, NVI).