«Señor, muéstrame tus caminos; guíame por tus senderos; guíame, encamíname en tu verdad, pues tú eres mi Dios y Salvador. ¡En ti confío a todas horas!». Salmo 25:4-5 (DHH)
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Sabiendo que podría caer, ayúdame, Señor, a arriesgarme por el bien de tu Reino.
Sabes cuándo me siento y cuándo me levanto; aun a la distancia me lees el pensamiento (Salmo 139:2, NVI).
En los días en que apenas tengamos la energía para abrir los ojos, llénanos con tu fuerza, oh Dios.
«Hay un río cuyas corrientes alegran la ciudad de Dios, la santa habitación del Altísimo» (Salmo, 46:4, NVI).
A través de la gracia de Dios, los finales revelan su propia belleza particular.
«Como un águila que agita el nido y revolotea sobre sus polluelos, que despliega su plumaje y los lleva sobre sus alas» (Deuteronomio 32:11, NVI).
Que Dios nos guíe para encontrar alternativas sostenibles en un mundo lleno de gente.