Al igual que el faro que se yergue firme más allá de la costa, la esperanza perdura.
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El regalo del nacimiento de Jesús es tanto más significativo cuando sabemos que Su vida y Su muerte conducen a la resurrección.
Compartamos la luz de Jesucristo con las demás personas en esta Navidad y siempre.
El tiempo y los desafíos moldean nuestras vidas y, a pesar de todo, el amor de Dios es inquebrantable.
«Porque en esa esperanza fuimos salvados. Pero esperar lo que ya se ve no es esperanza. ¿Quién espera lo que ya ve? Pero si esperamos lo que todavía no vemos, en la espera mostramos nuestra constancia. Romanos 8:24-25 (NVI)
Incluso cuando nos sentimos rotos, la belleza del diseño de Dios sigue siendo visible.
Abraza cada nuevo día, manteniendo al Señor en todos tus pensamientos y acciones.
Aunque las mareas fluyan y las generaciones nazcan y pasen, la presencia amorosa de Dios nunca se desvanece.
«A las montañas levanto mis ojos; ¿de dónde ha de venir mi ayuda? Mi ayuda proviene del Señor, que hizo el cielo y la tierra». Salmo 121:1-2 (NVI)