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Pasar tiempo en la presencia de Dios nos da fuerzas para el día y alimento para el alma.
Mientras vamos y venimos en el curso de la vida cotidiana, el amor de Dios nos rodea. Nunca estamos solos.
«Los cielos cuentan la gloria de Dios, el firmamento proclama la obra de sus manos». Salmo 19:1 (NVI)
Hay luces que nos distraen del camino de la sabiduría y de la única Luz verdadera que nos guía hacia Dios.
En el ajetreo del día, podemos hacer una pausa para apreciar el calor de la presencia de Dios.
«Alábenlo con panderetas y danzas; ¡alábenlo con instrumentos de cuerda y con flautas!; alábenlo con címbalos fuertes y resonantes. ¡Que todo lo que respira cante alabanzas al Señor! Salmo 150:4, 6 (NTV)
Los detalles coloridos de la naturaleza son testimonio de la creatividad de lo divino.