«A ti, fortaleza mía, vuelvo los ojos, pues tú, oh Dios, eres mi refugio». Salmo 59:9 (NVI)
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«Porque cualquiera que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre». Mateo 12:50 (DHH)
En la quietud y el frío del invierno, detengámonos para escuchar la voz suave de Dios.
El impacto de nuestra fe se multiplica cuando trabajamos juntos para mostrar el amor de Dios.
La protección del amor fiel de Dios es mejor que cualquier refugio que yo pueda imaginar.
«Bueno es el SEñOR; es refugio en el día de la angustia y conoce a los que en él confían». Nahúm 1:7(NVI)
Alejarnos del mundo puede refrescar nuestro espíritu, pero no podemos permitir que eso nos aleje del trabajo que Dios nos llama a realizar.