Como los arroyos que fluyen sin cesar, el amor de Dios por nosotros sana nuestras almas y nos trae paz.
Últimas imágenes
A través de aguas peligrosas, recordamos los faros de los fieles que nos han precedido.
Confiar en Dios nos da valor para explorar lugares nuevos e incluso incómodos con una mente abierta.
«Hazme andar por el camino de tus mandatos, porque allí es donde encuentro mi felicidad». (Salmo 119:35, NTV)
La belleza expansiva del cielo del desierto ilustra el misterio infinito de Dios.
Cuanto más aprendamos sobre las demás personas, mejor podremos cuidar y atender sus necesidades.
Seguir a Cristo puede resultar a veces un poco solitario, pero podemos aferrarnos a la promesa de que nunca estamos solos.