Como los arroyos que fluyen sin cesar, el amor de Dios por nosotros sana nuestras almas y nos trae paz.
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Incluso las estructuras más antiguas y permanentes pueden ser reinventadas con un poco de fe.
Lo que una persona rechaza, otras pueden utilizarlo para enriquecer sus vidas.
El Espíritu Santo nos llama a experiencias nuevas y a veces a experiencias sorprendentes.
Las experiencias y circunstancias que marcan nuestras vidas nos hacen únicos y no menos preciosos a los ojos de Dios.
«El que es paciente muestra gran discernimiento; el que es agresivo muestra mucha insensatez». (Proverbios 14:29, NVI)
El nacimiento de Cristo permite que la esperanza brille de nuevo en nuestros corazones si estamos abiertos a recibirla.
No siempre se necesita un milagro para abrir nuestros corazones. A veces basta con recordar a Dios dentro de nosotros.