Cuando el forastero llama a nuestra puerta, ¿defenderemos nuestro territorio o le mostraremos hospitalidad?
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Oh Dios, enséñanos a andar con cuidado al adentrarnos en lo desconocido, confiando en tu presencia infalible.
Toda la creación de Dios es buena y hermosa de maneras únicas y encantadoras.
«El Señor es mi roca, mi amparo, mi libertador; es mi Dios, la roca en que me refugio. Salmo 18:2 (NVI)
Los amigos fieles que nos conocen bien nos ofrecen una perspectiva que nos mantiene por encima de la corriente.
Nuestros espacios sagrados son testimonio de los fieles que nos precedieron y abrieron camino en el desierto.
«Dios es nuestro refugio y nuestra fortaleza, nuestra segura ayuda en momentos de angustia. Por eso, no temeremos aunque se desmorone la tierra y las montañas se hundan en el fondo del mar; aunque rujan y se encrespen sus aguas, y ante su furia retiemblen los montes». Salmo 46:1-3 (NVI)
«Hizo que brotaran arroyos de la peña y que las aguas fluyeran como ríos». Salmo 78:16 (NVI)