«A ti, fortaleza mía, vuelvo los ojos, pues tú, oh Dios, eres mi refugio». Salmo 59:9 (NVI)
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Aunque siempre imperfectos, estamos llamados a imitar a Cristo en todo lo que decimos y hacemos.
El Señor es mi luz y mi salvación; ¿a quién temeré? El Señor es el baluarte de mi vida; ¿quién me asustará? Salmo 27:1 (NVI)
Cuando nos tomamos un tiempo para hacer una pausa, lejos de las distracciones y los desánimos de la vida cotidiana, la misericordia de Dios renueva nuestras fuerzas.
«Nadie es santo como el Señor; no hay roca como nuestro Dios. ¡No hay nadie como él!». 1ª de Samuel 2:2 (NVI)
En la quietud de un nuevo día, la paz de Cristo, que sobrepasa todo entendimiento, vendrá a ti.
Discernir la voluntad de Dios rara vez es un proceso rápido o sencillo, pero es la búsqueda más valiosa.
«Jesús le respondió: —Los zorros tienen cuevas donde vivir y los pájaros tienen nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene ni siquiera un lugar donde recostar la cabeza». Lucas 9:58 (NTV)
A lo largo de los siglos, el espíritu creativo de Dios ha inspirado y guiado.
«Ese mismo día salió Jesús de la casa y se sentó a la orilla del lago. La multitud que se reunió para verlo era tan grande que él tuvo que subir a una barca donde se sentó mientras toda la gente estaba de pie en la orilla». Mateo 13:1-2 (NVI)