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Al igual que las semillas de ortiga se dispersan, permíteme llevar con delicadeza la buena noticia de Cristo a otras personas.
Cuando abro mi corazón, el Espíritu Santo refresca mi alma como una brisa de primavera a través de una ventana abierta.
La luz de Cristo brilla a través de las ramas marchitas de la muerte invitándonos a una a vida nueva.
Oh Dios, enséñame a anticiparme a lo que está por venir mientras trabajo en tu nombre.
«De este modo, por la voluntad de Dios, llegaré a ustedes con alegría y podré descansar entre ustedes por algún tiempo».” (Romanos 15:32, NVI).
En un mundo que a menudo parece sin esperanza, la resurrección de Jesús nos da motivos para conservar la fe.
A veces, el tesoro que buscamos está escondido bajo la superficie y vale la pena el esfuerzo que se requiere para encontrarlo.
«Porque ni aun el Hijo del hombre vino para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos». (Marcos 10:45, NVI)